Contestación de Narváez a los Diputados de Ciudad Real por el suceso de Calzada de Calatrava

Boletín Oficial de Ciudad Real
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Nada podrá lisonjear mi amor propio como merecer de VV. SS. la felicitación honrosa que me dispensan por el feliz suceso de la acción de la Calzada. Mis desvelos han sido muchísimos y no menores mis trabajos para alcanzar los venturosos resultados que, como español, ambiciono en beneficio de mi patria, pero en medio de mis afanes y tareas recibo una recompensa superior a mis merecimientos al felicitarme los representantes de la provincia de la Mancha.

Ese título grande y honorífico de libertador de ella es lo que causa mi ambición, lo que anhelo con toda la efusión de mi alma, y nada complacería mi corazón como la bendición que recibiese de los desgraciados pueblos, teatro de tantas lágrimas y pesares. Pero VV. SS., fieles testigos de la situación de este suelo en el que se hallaba ingerida la desmoralización, el vicio y el desorden, saben apreciar justamente los trabajos que se emplean para destruir abusos, faltas y desorganización, y levantar un nuevo edificio para librar la provincia de tantas calamidades como sobre ella pesan. Yo no he perdonado fatiga ni sacrificio para lograrlo, y no obstante tener que luchar con elementos enteramente opuestos casi invencibles, nada me ha arredrado, y he consagrado con gusto hasta mi reputación para llenar la sagrada misión que la patria me ha confiado.

Envuelto las más veces en la sátira de la prensa periódica, siendo el blanco de los partidos, mirando con dolor retratar el cuadro de las vicisitudes con grande exageración, señalar sucesos que no existen, y acaso dar ideas poco favorables a la guerra y a la causa del Estado, el presentar como una gran calamidad los robos que se hacen, que aún en tiempos ordinarios son frecuentes, y que se ejecutan, tal vez, con anuencia de los que los sufren para dar valor a sus acusaciones y extraviar la opinión común; nada me ha hecho retroceder de mi plan y de mi propósito. Conceptué que los males de tres años no podían extinguirse en un día, ni en un mes; pero sí que se remediarían en más o menos tiempo siguiendo un plan constante, asiduo e invariable. Mis principios van dando los resultados que me prometía y la provincia va sintiendo los buenos efectos de aquel.

VV.SS. saben muy bien que sólo ocupando el país, siendo dueños de él y dominándolo, pueden extinguirse las masas enemigas, después las partidas y luego los dispersos. Esta ha sido mi primera atención, y al efecto he guarnecido todos los pueblos limítrofes a la Sierra para después entrar a operar en ella: mis primeros pasos han desconcertado a los enemigos, y en el día de ayer que emprendí los primeros movimientos hostiles a la montaña, he logrado dispersar las facciones de infantería, en tales términos que en grupos de seis y ocho se han dirigido a los pueblos y provincias de su naturaleza, quedando por lo tanto disueltas aquellas.

Los daños que ocasionan los ladrones, que en diferentes direcciones cruzan el país, no es posible evitarlos por el pronto, porque diseminadas las masas y extendidos aquellos por toda la provincia, amenazan a los pueblos, amedrentan y roban y talan en pequeñísimos grupos a poblaciones de un vecindario numeroso, bien sea por apatía, estado de indolencia o abatimiento, que son los males únicos del día; pero cuando aquellas ya evidencien la protección que se les presta, cuando toquen por sí mismas la realidad de ventajas positivas, y cuando los patriotas adquieran la independencia y verdadera libertad de que han carecido; entonces las poblaciones ayudarán al exterminio de los vándalos que sin su auxilio será dificilísimo y aún casi imposible, reformarán su opinión, sus costumbres y hasta sus deseos, alcanzando la deseada paz, y con esta la felicidad de este país desgraciado, y me congratulo en poder asegurar a VV. SS. que tanto los ladrones diseminados como las facciones numerosas que han reinado sobre este país, desaparecerán y con ellas el brazo de hierro que ha oprimido a los pueblos; pudiendo afirmas a VV. SS. que el premio más grande y noble a que aspiro, es merecer el título de libertados de la Mancha, y la consideración y aprecio de VV. SS. y de los pueblos a quienes representan.

Suplico a VV. SS. admitan todo mi respeto, y el agradecimiento debido a su amistosa y honorífica felicitación. Dios guarde a VV. SS. muchos años.

Cuartel general de Alcolea, a 13 de julio de 1838.= Ramón María Narváez.

Fuente: Boletín Oficial de Ciudad Real, 3 de agosto de 1838.

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