Incidencias durante la comida en el refectorio del Sacro Convento

Rosetón del Sacro Convento de Calatrava la Nueva. Foto de José Antonio Alcázar.
Rosetón del Sacro Convento de Calatrava la Nueva. Foto de José Antonio Alcázar.

Si algún criado del Prelado o de la hospedería viene a por alguna cosa al Refectorio –agua, pan, vino, servilleta, etc.- no pasa por la puerta del refectorio sino que lo hace por la ventana de la cocina y uno de los que sirven va al Prelado o Presidente del refectorio y le dice que, con licencia de Vuestra Merced, se sacará agua para un enfermo o para la hospedería. No hay otra manera de sacar nada del refectorio.

Cuando un religioso tiene algún accidente, de suerte que no pueda esperar a que la Comunidad acabe de comer, dice a uno de los que sirven que le pida licencia y éste se dirige al Presidente del refectorio para decirle que fray fulano suplica a Vuestra Merced le de licencia para salirse porque le ha dado una hemorragia u otro accidente o desmayo. Si no es una causa muy urgente ninguno la pedirá. Si se es Novicio no es necesario pedir la licencia por medio de Anciano, como cuando se pide misericordia. Si la licencia es concedida, el religioso se levanta de su asiento, hace la venia a quien preside el refectorio y se va.

Ninguno come en el plato de otro pero si el Prelado o Presidente del refectorio envió a un religioso algún regalo es estilo de nuestro Convento que, si es cosa partible, pueda dar a uno de los que están a su lado de ese regalo –tanto al darlo como al recibirlo no se quitan los bonetes. Tampoco puede dar nada el Anciano al Evangelistero que está en otra mesa, ni de una mesa se puede pasar nada a otra. Cuando el Prelado o Presidente del refectorio envía un plato diciendo, al que se lo lleva, que es para dos, nombrándolos, lo dice a ambos para que, en agradecimiento, se quiten el bonete al recibirlo.

Los que sirven no pueden salir del refectorio sino es para traer el agua del aljibe en verano, cuando se echa por segunda vez, y para esto no necesitan licencia sino cuando se va a dar el último plato de vianda. Hay un permiso tácito para ir del refectorio al aljibe sin manto para que sea más fácil traer el agua.

Si algunos de los que sirven, por descuido, se le cayese algo -el frasco de vino, la jarra, un plato o un panecillo- va, antes de hacer otra cosa, y se hinca de rodillas en la gradilla poniendo la mano derecha en tierra y está así postrado hasta que el que preside hace una señal dando un golpe en la mesa. Entonces, toma del suelo lo que se le cayó y si es pan no lo toma con la mano sino con un cuchillo de la mesa más cercana.

Cuando tardan en traer algunos platos de la cocina o se pide alguna cosa, uno de los que sirven da un golpe en la ventana y el despensero debe manda a un criado a que vea qué es lo que se está pidiendo. Si el dar golpes inquieta demasiado o el despensero tarda mucho en traer lo que se le ha pedido, el Prelado y, sobre todo, el Maestro de Novicios deben tener cuidar en saber si los que sirven o el despensero tienen en esto culpa para, así, castigarla.

Cuando algún religioso no quiere que le sirvan un plato hace señas con la cabeza, al que sirve, para que pase el plato hacia adelante y entonces no se le pone al siguiente en antigüedad si está en una mesa del otro choro sino al siguiente de la misma mesa. Debe procurar y mandar el Prelado que las porciones de carnero, caza u otro manjar sean todas iguales en cantidad, pues no es justo que el despensero, por afecto o pasión, muestre la suya dando más o menos. Pero en la cualidad deben siempre ser preferidos los más antiguos a los más modernos. Y siendo cosa en que puede haber igualdad se ha de solicitar que la haya en el sustento, pues la hay en el trabajo. Y porque los antiguos han servido más que los nuevos, justo es que coman mejor pero no en más cantidad ni diferente manjar.

Al Prelado y al Superior se les sirve siempre un plato más que a los demás y, para saber que ha de ser así, debe el despensero ir a la sala de la Administración, al salir de prima, a saber qué gusta el Prelado diciéndole lo que hay para que elija a su antojo. Entonces dispone lo que quiere para Él y para el Superior, que ordinariamente no son platos iguales. Y si el Prelado quiere no entrar al refectorio y tener en su aposento algunos huéspedes, lo advierte al despensero para que prevenga lo necesario. La misma ceremonia se hace con el Superior y con el Anciano cuando son Presidentes del Convento.

En verano el que sirve de primero, como no hay nieve, trae un cántaro de agua del aljibe para repartirla cuando se da el último plato –si alguien no quiere hace señas con la cabeza y así pasa al siguiente.

Cuando terminan de comer un plato el religioso lo coloca detrás del vaso, hacia afuera, para que lo retiren –los que hacen este trabajo no cogen todos de una vez sino unos cuatro o cinco como mucho para evitar que se le caigan y sin echar los huesos u otra cosa de un plato a otro- a las mesas desnudas donde los acomodan para llevarlos a la ventana que da a la cocina, sin arrojarlos ni hacer ruido. Cerca de la ventana tienen una toalla para limpiarse en el caso de que se ensucien.

Por norma general, uno de los que sirven debe de estar en las mesas desnudas –de pie, sin arrimarse a ellas, con las manos juntas al ceñidor y sin colocarlas debajo de la sotana- hasta que uno de sus compañeros se acerca con platos. Es entonces cuando va a por más a la ventana, teniendo en cuenta a qué religiosos recogió el compañero los que traía para ver a quien ha de dar los dos. Si el que los trae duda a quienes debe ponérselos, el que se los lleva, en voz baja, le informa quienes son para que no haya confusión al repartirlos.

Si a un religioso le llevan un manjar y no ha acabado el que estaba comiendo no puede cubrir el plato que le han traído con otro –ni con la escudilla tampoco.

Se considera falta de educación poner los codos en la mesa, usar el cuchillo como mondadientes o palillo, tener en la boca cosas ajenas a lo que se está comiendo, arrojar huesos o mondaduras de fruta al suelo, coger sal con los dedos y exprimir con ellos las aceitunas levantándolas sobre el plato –estas acciones son de gañanes o de pastores. Sí está permitido echar pan a los perros de caza que entran al refectorio cuando los traen.

Las acciones no permitidas pueden ser castigadas por quien preside el refectorio y advirtiéndolo de este modo:

  • Puede dar un golpe en la mesa, cuando alguien hablase, mandándolo callar o decírselo a través de los que sirven. Lo mismo para los que sirven si parlasen en la ventana o faltasen a cualquier ceremonia.
  • Si la culpa lo merece puede mandar, a quien cometió la falta, a la gradilla y se postre de rodillas, poniendo la mano derecha en tierra –estará así hasta que se le haga la señal por el que preside.

Si la culpa fuera mayor se procede de esta manera:

  • Si el que preside el refectorio es el Prelado o Superior, puede castigar al culpado en el capítulo o fuera de él.
  • Si el que preside es Anciano particular, debe de salir del refectorio para dar cuenta al Prelado, Superior o Presidente del Convento para que la remedie y castigue.
  • Si el que cometió la culpa es de la jurisdicción del Maestro de Novicios, podrá darle cuenta a él si no se halló presente. Si se halló presente puede castigarle fuera del refectorio porque allí sólo manda el que lo preside.

Bibliografía:

  • Regla de San Benito.
  • Formularios para hacer pruebas de los hábitos para las Órdenes de Alcántara, Calatrava y Santiago.
  • Definiciones de la Orden de Calatrava, año de 1652.
  • Copia de las escrituras de la Orden de Calatrava.
  • Las Institución, definiciones y actos capitulares de la ínclita caballería de la Orden de Calatrava (Toledo, 1552).
  • Ceremonial Monástico para los que siguen la Regla de San Benito, concedido por Pablo V.
  • Ceremonial cisterciense.
  • Descripción del sacro convento y castillo de Calatrava la Nueva, colección de Salazar y Castro. Biblioteca de la Real Academia de la Historia

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