Cómo fueron enterradas las víctimas del incendio del fuerte en Calzada

El Correo Nacional fue un periódico publicado en España entre 1838 y 1842.
El Correo Nacional fue un periódico publicado en España entre 1838 y 1842.

En El Correo Nacional -periódico publicado en España entre 1838 y 1842- se puede leer una noticia de cómo se enterraron a las víctimas del incendio del fuerte en Calzada de Calatrava. Puede leerse lo siguiente:

Un grande acto de justicia acaba de ser consumado en La Mancha. El pueblo de la Calzada de Calatrava fue no hace mucho tiempo teatro de un hecho cuya atrocidad no tiene ejemplo en la historia de los pueblos civilizados. El cabecilla D. BASILIO retirándose de Andalucía, pasó a poca distancia de aquella población liberal, cuyos valerosos habitantes estaban resueltos a defenderla. Entonces se presentó a los nacionales el prior de Calatrava, personaje de gran valía y representación en la provincia, y los exhortó a que se retiraran al fuerte, garantizando con su persona que si así lo hacían no serían hostilizados, y se evitarían las desgracias que amenazaban al pueblo. Las familias de los nacionales exhortaron a estos a escuchar confiados las palabras del prior, y en su consecuencia se refugiaron al fuerte más de trescientas personas entre ellas cien mujeres, niños y ancianos; pero el falaz eclesiástico apenas vio conseguido su intento de ver reunidos en el fuerte a todos los liberales del partido y a sus familias, excitó a D. BASILIO a que no desperdiciase la propicia ocasión de concluir a la vez con tan crecido número de enemigos de CARLOS V. Llegó hasta amenazar a D. BASILIO, que si no obraba con vigor siguiendo sus consejos, le acusaría de ello ante su Rey. El cabecilla que naturalmente no es sanguinario, vio a sus secuaces arrastrados por las exhortaciones del prior y de sus amigos, y no pudo resistir al impulso cruel que le arrastraba.

Atacaron el fuerte los de D. BASILIO faltando a lo ofrecido por el prior, y menospreciando las reclamaciones de los engañados defensores, prendieron fuego al fuerte y condenaron a las llamas a los que lo guarnecían.

A los clamores de las víctimas que devoradas por el fuego pedían por la salvación de las mujeres y niños, respondía el prior y los suyos con desapiadadas risas y con gritos de acudid a Isabel II que os libre de la muerte.

Las llamas no tardaron en devorar el fuerte y el edificio se vino al suelo, enterrando en sus ruinas a los nacionales y a sus familias en medio de los gritos de feroz alegría que lanzaban los verdugos.

Quedó consumando el crimen, y La Mancha se llenó de espanto y la nación se horrorizó; pero el atentado había quedado impune hasta que el general NARVÁEZ poseído de la idea de administrar recta justicia, de inspirar confianza a los buenos y terror a los malos, se presentó en la Calzada de Calatrava, resuelto a que no quedase impune tan inaudita matanza.

Tres días bastaron al activo y justificado general para descubrir a los delincuentes. El prior don VALERIANO TORRUBIA; un antiguo capitán de realistas D. RAMÓN FERNÁNDEZ RUBIO (a) el Moro y la llamada Ascensión, conocida por el sobrenombre de la hija del fraile, convencidos de los delitos que expresa la sentencia, fueron condenados a pena capital.

Conocido que fue este resultado, no hubo género de empeño ni de intercesión que no se emplease para doblegar la justicia del general NARVÁEZ. Las mujeres de muchos de los nacionales que perecieron en el fuerte, vinieron también vestidas de luto a pedir por la vida del prior. Todo fue en valde. El principal delincuente no podía obtener gracia, acompaño a los cómplices al lugar del suplicio, y pereció sobre los escombros que cubren los insepultos huesos de las víctimas de la Calzada de Calatrava.

Pasados los años, el periódico Las Novedades (septiembre de 1864), refiríendose a que todavía no se ha comenzado las obras de la nueva iglesia, describe cómo los restos de las víctimas siguen entre los escombros:

«En 1857 se aprobó por el ministerio de Gracia y Justicia el expediente de edificación de una iglesia en la Calzada de Calatrava, provincia de Ciudad Real. En 1861 se libraron 40.000 rs. Para dar principio a las obras; en 1864 aún no se han comenzado. ¿Sabe algo de esto el Sr. Mayans? El tribunal de las Órdenes militares, en cuyo territorio se halla el pueblo, teniendo noticia del estado de este asunto, ¿no podrá ocuparse de él?

La iglesia fue quemada por la facción de Basilio, y en el incendio perecieron 170 personas de todos sexos y edades; y desde entonces el pueblo no tiene un templo digno de él, y lo que es más, los restos de aquellas víctimas, que aún están entre los escombros, permanecen en tan inhumano estado.

Casi, casi estamos por asegurar, que si hubieran sido facciosos los quemados en lugar de haber sido los quemadores, se habría reedificado la iglesia, y se hubieran hecho magníficas exequias a los que allí hubiesen perecido; pero se trata de liberales, y por consiguiente, aún cuando no se les habilite la iglesia, ¿qué importa?»

Fuente: El Correo Nacional, 21 de agosto de 1838 y Las Novedades (1864).

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