Asentamiento de campesinos en Fuente del Moral

Fuente el Moral vista desde La Atalaya
La dehesa de Fuente El Moral vista desde La Atalaya

La Ley de Bases de Reforma Agraria, de 1932, tenía como objetivos aumentar la rentabilidad de la agricultura española, paliar la miseria del campesinado español y redistribuir la propiedad latifundistas –sobre todo en Andalucía, Extremadura y Castilla.

Para conseguir los anteriores objetivos, se estableció el criterio de expropiar las fincas optando entre estas dos opciones: expropiar sin indemnizar o expropiar sin indemnizar a la nobleza pero sí a los demás propietarios. Triunfó la segunda opción, creándose el Instituto de Reforma Agraria (IRA) que fue el organismo encargado de reasignar las tierras a los campesinos para que se llevara a cabo la explotación colectiva de las tierras expropiadas. El resultado no fue muy satisfactorio, lo que provocó una respuesta del campesinado ocupando directamente las tierras, como en Casas Viejas.

Durante el bienio conservador (1934-1936) las Cortes aprueban la Ley para la Reforma de la Reforma Agraria que congela la Reforma Agraria de 1932, suprime la expropiación sin indemnización e introduce la posibilidad de llevar a cabo expropiaciones por motivos de “utilidad social”.

Artículo 1º: …“En todo el territorio de la República podrá el Instituto de Reforma Agraria declarar de utilidad social y expropiar cualquier finca cuya adquisición se considere necesaria para la realización de alguna de las finalidades previstas en la mencionada Ley o en la presente y con las excepciones y restricciones expresadas en esta última.”

Artículo que sería ampliamente utilizado por los gobiernos del Frente Popular en los primeros meses de 1936. Un ejemplo de la aplicación de este artículo fue la expropiación de la finca “Fuente del Moral” en Calzada de Calatrava. El Semanario de Izquierda Republicana “Orientación”, el 20 de junio de 1936, comentaba así el asentamiento de campesinos en esta finca:

Cabecera del Semanario de Valdepeñas "Orientación".
Cabecera del Semanario de Valdepeñas “Orientación”.

De magnífica puede calificarse la obra llevada a cabo desde el ministerio de Agricultura. Sin aceleramiento, con el ritmo que las circunstancias permiten, van haciéndose los asentamientos de campesinos.

Por estas tierras de la Mancha, la Reforma agraria es ya un hecho en numerosos pueblos y los asentamientos verificados permiten augurar un éxito rotundo. Cuéntase para ello con la calidad del campesino manchego, cuyas virtudes de trabajo, amor propio, estímulo individual e instinto de conservación, las tiene admirablemente desarrolladas. Y en verdad que nadie más que él es el interesado en que la Reforma agraria triunfe, porque si el Estado fracasa en su labor plausible y republicana de resolver el problema de la tierra, el campesino verá nuevamente cerrado el paso para su liberación económica y otra vez sentirá sobre sus carnes el látigo de la miseria y la vergüenza de la esclavitud.

Entre otros asentamientos llevados a cabo en nuestra provincia, por el volumen de los mismos y las condiciones inmejorables del terreno, merecen destacarse los del pueblo de Calzada de Calatrava. A pocos kilómetros de él, escasamente tres, en la finca denominada “Fuente del Moral”, el Estado, por mediación del Instituto de Reforma Agraria, ha realizado esta labor de dar tierra a los campesinos dotándoles de todos los elementos necesarios para desenvolverse colectivamente. No les falta nada. Tienen barbechos, siembras magníficas, ganado, aperos, maquinaria agrícola moderna y dinero. Disponen, además, de fragua, carpintería y carretería. Tienen bodegas, graneros, etc., etc. Y tienen un ingeniero, todo entusiasmo y capacidad, que pone todo su anhelo en la dirección técnica de la empresa, a fin de que cada elemento de producción, ajustado a normas rigurosamente científicas, rinda en las condiciones más apropiadas la mayor cantidad posible.

La explotación de la finca mencionada ha comenzado bajo los mejores auspicios. Todos ellos, dándose perfecta cuenta de la transcendencia de su misión, trabajan con verdadero ahinco, colaborando con el mayor entusiasmo en la consecución del fin propuesto. Saben muy bien lo que supone no fracasar en la empresa; por ello, con la máxima laboriosidad, cooperan al éxito de la misma, no solamente por egoísmo propio, sino por sentimiento de fraternidad, que ellos no ignoran que su triunfo ha de servir de estímulo a muchos trabajadores para que ayuden al Estado a resolver el problema del campo, el más grave y vital de los problemas que tiene planteados la República.

Aunque no por el volumen, pero sí por las circunstancias emotivas que rodearon la entrega de la tierra a los campesinos, merecen destacarse los asentamientos hechos en el término del pueblo de Huertezuelas. Existían aquí unas docenas de trabajadores que se hallaban en la mayor miseria. No tenían un puñado de tierra que labrar. Se morían de hambre. Y el Instituto de Reforma Agraria, por mediación del ingeniero a sus órdenes, dio a estos hombres lo que necesitaban para ser felices: tierra que cultivar, terreno que regar con el sudor de su frente para convertirlo en pan con que alimentar a la familia. ¡Y hubo de ver cómo recibieron aquellos trabajadores las órdenes de cortar con el arado la cantidad de tierra que el Estado les entregaba para que pudiesen vivir! Lloraban de alegría y sus corazones, demasiado endurecidos por tanta injusticia sufrida y tanto vejamen recibido de los caciques, renacieron a la esperanza y llevaron a los labios estas palabras: “Nos ha dicho el ingeniero que estas tierras nos la da la República. La defenderemos siempre; no votaremos más por el cacique, y ¡ay de aquel que quisiera arrebatárnoslas!”

¿Enseñanzas de estas palabras? Muchas. La reforma agraria está en marcha. Un ministro republicano lleno de entusiasmo y sobrado de capacidad para la ardua tarea a él encomendado, hace Patria y labora por la República, porque ésta será inconmovible cuando las masas campesinas, comparando el ayer con el presente, puedan dicirse: “Tenemos trabajo y tenemos pan; la República nos ha elevado de la categoría de esclavos a la de ciudadanos dignos.

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