Un guerrillero manchego acusado por la Inquisición

Alegación fiscal del proceso de fe contra Francisco Abad  Moreno (a) Chaleco.
Alegación fiscal del proceso de fe contra Francisco Abad Moreno (a) Chaleco.

Las alegaciones fiscales en los Tribunales de la  Inquisición resumían los expedientes originales enviados por los diversos tribunales al Consejo de la Inquisición y era el relator quien redactaba dicho extracto en base al cual el Consejo tomaba una decisión que era enviada de nuevo al tribunal correspondiente junto con la documentación original de los expedientes, ya que sólo guardaba la alegación fiscal.

Quedaban pocos años para que fuera abolida la inquisición española cuando se abre en el Santo Oficio de Toledo una causa contra Francisco Abad Moreno (a) Chaleco, famoso guerrillero durante la Guerra de la Independencia en España y natural de Valdepeñas, por blasfemias y hechos irreligiosos como consecuencia de la delación que hizo el presbítero del Santo Oficio de Valdepeñas, Antonio José Molina, el 3 de junio de 1816 alegando que fray Victoriano de Fontecha, cura de esta villa y del hábito de la Orden de Calatrava, sabía ciertas cosas que habían pasado en Génave (pueblo de la provincia de Jaén) que eran contrarias a la religión católica y que fueron practicadas por el comandante Chaleco. Este cura le informó que un religioso trinitario descalzo, fray Miguel del Santísimo, le había dicho que hallándose en retirada de los franceses con algunos religiosos de su orden, en Génave se presentó Chaleco con su partida alojándose en casa de una viuda llamada La Lázara, que tenía dos hijas, y que sabiéndolo el guerrillero preguntó por ellas a la madre quien dijo que estaban en su casa. Francisco Abad fue allí y comenzó a seducirlas diciéndoles que eran muy beatas y que los pícaros de los frailes las engañaban. Les dijo que esa misma noche se había de acostar con una de ellas, por lo que la madre, aprovechando un descuido, las sacó por una puerta falsa y las llevó a una casa de campo distante dos leguas. Cuando se enteró Chaleco culpó de ello a los religiosos y los manteó públicamente yendo por las calles del pueblo diciendo, él y sus oficiales, una letanía de repulsivos insultos y descalificaciones que horrorizaron a quienes los escucharon: “maldito sea el Santísimo Sacramento. La Virgen dicen que es pura y es una grandísima puta”. Inmediatamente desnudaron a varias mujeres llevándolas a una fuente donde, con ayuda del barro, les raparon sus partes íntimas. Comenta también el delator que con un vecino de Castellar de la Mata, Pedro González Abarca, cometió una barbaridad ya que mandó tostar estaquillas de caña e introducírselas por los dedos, entre uña y carne, para que confesase donde tenía cierto dinero, siendo el resultado su muerte. Otros de los que declararon sobre la causa fueron fray Victoriano de Fontecha, del hábito de la Orden de Calatrava y cura de Valdepeñas. Los demás testigos fueron fray Miguel del Santísimo, trinitario descalzo, fray Ángel de Santa Teresa, fray Julián de la Purificación y fray Lorenzo de la Concepción.

Éste último dijo que oyó decir en el pueblo que algunos soldados de Chaleco leyeron un papel en la plaza pública en donde dijeron, cuando hablaron de los religiosos, que maldita sea la misa que dicen y la hostia que consagran. Fray Ángel de Santa Teresa testificó que estuvo en Génave durante todo el tiempo de la Guerra de la Independencia y que en presencia del guerrillero de Valdepeñas un soldado profirió estas palabras: “malditos sean los frailes y el hábito que se ponen, el cáliz en que consagran y la hostia que comen” y que no habiendo vino en el pueblo para celebrar la misa, sabiendo que Chaleco tenía un pellejo de él, le pidió por favor que le vendiese o diese aunque no fuese nada más que un cuartillo, y sin contestarle hizo señal a un hermano suyo, a un sargento y a un soldado quienes lo cogieron, lo mantearon y le dieron patadas, maltratándolo de tal forma que estuvo enfermo más de un mes teniendo que ocultarse porque lo estuvieron persiguiendo. Fray Julián de la Purificación declaró que oyó decir a otras personas las blasfemias que proferían, pero que él no pudo oírlas por lo mal que quedó al ser también manteado por los soldados en la puerta de la casa de La Lázara. Ésta aportó más información a la causa añadiendo que durante el manteo los soldados leyeron una proclama y, entre Chaleco y un sargento llamado Canillas, cantaron varias veces la copla Malditos sean los frailes. Todos los religiosos afirmaron que los soldados eran impíos, blasfemos, injuriosos a Dios en sumo grado, sacrílegos, escandalosos y heréticos. De Francisco Abad que era un impío, hereje, blasfemo, herético, sacrílego, violento, perseguidor de las personas honestas, lascivo. Asimismo, lo consideraron como una persona sin instrucción que puede conseguir controlar sus pasiones lascivas.

En Toledo el Santo Oficio resuelve devolver el sumario a Génave para que declararan otras personas, principalmente en relación con la implicación del reo Chaleco y la que tuvieron o pudieron tener sus soldados. El Tribunal de Toledo dio la comisión al Santo Oficio de Murcia pues es el que corresponde al pueblo de Génave y éste lo encargó al párroco de esta villa. Fue preguntado Francisco Muñoz, vecino del pueblo y de sobre unos cincuenta años, contestando que jamás había oído al reo ni a ninguno de sus soldados las proposiciones ya referidas y que la persecución a las dos jóvenes que se retiraron al cortijo la supo por habérselo oído al padre fray Julián de la Purificación. También tiene conocimiento de que un religioso fue manteado, aunque ignora la causa. Otro vecino, Manuel Vico, dice lo mismo que Francisco sobre la proclama y la canción aunque ha oído decir a varias personas, de quienes no se acuerda, que en la canción se hablaba mal de los frailes y que pidiéndole un religioso vino para celebrar misa mandó a sus soldados que lo mantearan, como así lo hicieron. También tiene noticia de que las dos jóvenes huyeron del reo y sus soldados.

Lo mismo dicen los demás testigos examinados, de los cuales sólo dos añaden cosas nuevas: el uno que Chaleco y el sargento Canillas tocaron a la puerta de su vecino, el aguacil Rosendo, y sacaron un papel para llamar la atención de todos con la lectura de la proclama. Se escandalizó de lo que dijeron y en referencia a unos soldados que tenía alojados en su casa comentó que éstos le habían dicho que mantearon a un religioso por orden de Francisco Abad. El otro dice que cuando el reo estaba alojado en su casa entró fray Ángel de Santa Teresa y oyó que pidió vino pero no puede afirmar con qué fin. También presenció el manteo del fraile a la misma vez que voceaban con mofa y escarnio diciendo palabras blasfemas que hablaban mal de los frailes y que no se acuerda de cuáles fueron esas palabras.

El alegato fiscal dice que Chaleco ha sido visto en ese pueblo y en varios de La Mancha, que fue comandante de guerrilla y era tenido por un hombre díscolo, temerario, poco piadoso y nada simpatizante de los eclesiásticos ya que se ha visto perseguir a su soldados a algún sacerdote ejemplar, con sable en mano, mofándose de su carácter y diciendo blasfemias contra el Santísimo Sacramento. También añade que Chaleco estuvo mucho tiempo amancebado con una mujer y despreció con escarnio cuantos cargos le ofrecían los tenidos por amigos suyos. Termina diciendo que se le dé una o más audiencias.

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