Un franciscano de Almagro es delatado por una confesante

Sede actual de la asamblea local de la cruz roja, donde estuvo el antiguo convento franciscano en Puertollano.
Sede actual de la asamblea local de la cruz roja, donde estuvo el antiguo convento franciscano en Puertollano.

La Leyenda Negra sobre la inquisición española tiene su origen en la propaganda lanzada por el rebelde y caudillo protestante Guillermo de Orange, adquiriendo la fama de un tribunal inhumano y monstruoso. Otro protestante, John Foxe, ayudo a acrecentarla gracias a los grabados de torturas que ilustran El libro de los mártires y, al día de hoy, continúa como se puede apreciar en la visita a los museos de Toledo y Granada. En éste último hay un muñeco vestido de negro y con capucha al lado de una guillotina, para dar a entender que este instrumento de tortura, originario de la revolución francesa, fue usado por el Santo Oficio. Los tribunales inquisitoriales tenían más garantías que cualquier otro tribunal de su tiempo (muchos de los detenidos en cárceles civiles blasfemaban para pasar a las cárceles del Santo Oficio, menos inhumanas que las otras). La inquisición se centró más en perseguir prácticas heréticas de protestantes, moriscos y marranos (judíos que se bautizaron pero siguieron practicando, en secreto, el judaísmo) y otras como blasfemia, bigamia, sodomía o brujería. Voy, a continuación, a referirme a un proceso de fe debido relacionado con la delación a un franciscano descalzo de Almagro por negarse a confesar a una joven.

En mil ochocientos dos una vecina de Almagro y natural de Puertollano, María Josefa Caballero, delató en el Tribunal del Santo Oficio de Toledo a Fray Gregorio de Granátula, cantor del convento de San Francisco en la villa de Almagro, por haberle negado la confesión tras haber confesado con él tres veces, diciéndole  estas palabras: No quiero confesarte, no quiero confesarte porque me inquietas. Esto ocurrió como ocho días después de la última confesión con el religioso. En su carta de denuncia también afirma que en otra ocasión le dijo que siempre que la veía se excitaba sexualmente, y pasados otros veinte días, con palabras y acciones indecentes, le propuso tener relaciones sexuales. Acababa el escrito solicitando que nombraran como comisionado para llegar las diligencias a su confesor Fray Justo del Espíritu Santo, lector de teología en el convento de Agustinos Recoletos de Almagro, al considerarlo persona prudente y que le evitaría pasar vergüenza en las declaraciones, sobre todo porque estaba viviendo con su abuela en Almagro.

El Tribunal del Santo Oficio acepta como comisionado a Fray Justo y comunica a la delatora que debe acudir a Almagro para declarar sobre el asunto. Es el 28 de mayo del mismo año cuando comienza a contestar a las preguntas de su confesor como comisionado del Santo Oficio, una vez jurado guardar secreto y decir la verdad:

Dice que es natural de Puertollano, hija de Cayetano Caballero, difunto, y de Francisca de Mora y que tiene dieciocho años. A la pregunta de si sabía por qué había sido llamada respondió que por una carta al Santo Tribunal de Toledo en la que hacía una delación y suplicaba se le diese la comisión a quien en esos momentos le estaba preguntando. Refiere el asunto de la carta especificando las causas de la denuncia, manifestando que fue escrita por una persona de confianza, a quien le explicó el caso sin decir su nombre por parecerle innecesario para conocerlo ya quien preguntaba, dejando en blanco el hueco para el nombre, apellido y conventualidad del acusado. Asimismo, se ratificaba en la carta afirmando que nata tenía que añadir, quitar, ni enmendar y que la escribió por habérselo aconsejado Fray Justo del Espíruto Santo y por descargarse la conciencia.

Todo lo dicho por la denunciadora fue enviado por el comisionado para examen y aprobación de los inquisidores del Santo Oficio de Toledo. El fiscal advierte que María Josefa Caballero no ha dicho nada al comisionado en relación con el delito de solicitación (palabras, actos o gestos por parte del confesor para provocar o incitar a realizar actos sexuales con quien se está confesando) que expuso en su carta, por lo que la llaman nuevamente para la práctica de nuevas diligencias. Además de lo ya dicho en la primera declaración, aportó esta otra información a las nuevas preguntas que le hicieron:

Dijo que ninguna de esas palabras ofensivas se las había dicho en el confesionario ni en sitio destinado a escuchar confesiones, sino que fue en la portería de su convento de Puertollano y otras en la propia casa de la delatora. La negativa a confesarla se produjo ocho días después de la última confesión -no volvió más a confesarse con él- y pasados como otros veinte días el religioso, con palabras y acciones indecentes, le propuso hacer el amor. Para aclarar más su delación, dijo que le había despachado muy pronto en su última confesión “porque estaba deseando que te apartases de allí” según le dijo otro religioso del convento. Preguntada por el día, mes y año de su última confesión con el delatado respondió que en octubre del año pasado pero que no recordaba el día. Repitió que no era por odio, ni contra el religioso por lo que le había denunciado sino para descargarse la conciencia.

Fray Justo remite a los inquisidores de Toledo esta nueva declaración, junto con un informe sobre Fray Gregorio de Granátula y María Josefa:

De esta última dice que es apreciada tanto en Almagro como en Puertollano, mujer honesta, buena, veraz y digna de crédito. En relación con el religioso dice que lo conoce de vista únicamente, es natural de Granátula de Calatrava, tiene sobre unos treinta y tres años, de mediana estatura, color blanco, bastante calvo, pelo negro o castaño obscuro, tiernos de ojos (que padece alguna acumulación ligera y continua). En relación con su forma y opinión dice que durante los tres años que vivió en Puertollano estaba considerado como de buena conducta y que él mismo solicitó trasladarse al convento de Almagro con el oficio de cantor, donde reside hace pocos meses. Durante ese tiempo nada se ha dicho contra él y lo ha visto acompañado regularmente con los Padres lectores de su colegio.

Una vez leída la nueva declaración por los inquisidores consideran que faltan preguntas esenciales, como si alguna persona pudo oír las palabras que se dijeron o si se las ha llegado a decir a otra mujer, por lo que nombran a un nuevo comisionado, Antonio Velázquez, para que él y Fray Justo vuelvan a interrogar a María Josefa. Aquel es el que ahora emite el informe dirigido al Santo Oficio de Toledo, en el que viene a decir más o menos que la delatora, de dieciocho años de edad, es honesta e hija legítima de Cayetano Caballero y de Francisca de Mora, naturales de Puertollano. A lo ya dicho en anteriores declaraciones, se sumaron las contestaciones a las nuevas preguntas:

Preguntada si en otra ocasión le dijo otras expresiones lascivas que pudieran tener alguna conexión con la confesión, contestó que a los dos días de negarle la confesión lo hizo con otro franciscano y pasado unos días le preguntó por qué le negó Fray Gregorio la confesión, a lo que contestó el Padre “porque estaba deseando que te apartases de allí”, de lo que se presume que era porque se sentía tentado hacia acciones lascivas en el confesionario. Esta última expresión, aseguró la denunciante, se la dijo una vez en su casa de Puertollano, donde había ido a hacer una visita como acostumbraba. Dijo que Fray Gregorio, a los dieciocho días de la última confesión con el otro padre, le manifestó solicitación ad turpia  (palabras, actos o gestor por parte del confesor para provocar o incitar a realizar actos sexuales con quien se está confesando) con acciones y palabras indecentes sin hacer mención a ninguna circunstancia relacionada con la confesión y que no volvió a confesar con él desde que el otro franciscano le manifestó la repugnancia que tenía de confesarla. Habló del otro religioso diciendo que ya lo había tratado en casa de su madre antes de confesarse con él porque solía ir a hacerles algunas visitas, y dijo que no hubo nadie presente cuando tuvo esas palabras y acciones provocativas con ella ni las manifestó inmediatamente antes, ni en el confesionario, ni inmediatamente después de la confesión. Termina afirmando que no sabe si el otro padre pudo ser inducido a otra solicitación posterior y que no sabe si lo ha hecho con otras personas y describiendo al fraile delatado: se llama Gregorio, de edad sobre treinta y seis a treinta y siete años, de mediana estatura, calvo, con pelo obscuro, de pelo obscura y blando de rostro.

El fiscal inquisidor, vistas las diligencias practicadas, y enterado de la conducta del delatado no estima justificada la solicitud propuesta por la delatora, por cuanto fue la única que declaró, ni en los términos que la propone ya que no la considera una verdadera solicitación. Por lo que el fiscal propone suspender el sumario. Finalmente, el veintidós de diciembre de mil ochocientos dos, el Tribunal del Santo Oficio lleva a cabo lo propuesto por el fiscal.

Fuente: Archivo Histórico Nacional

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