Cuando escuché a mi hijo por primera vez

Quien acepta mentiras cómodas poco le importan las contradicciones (Padre Juan Manuel Góngora).
Quien acepta mentiras cómodas poco le importan las contradicciones (Padre Juan Manuel Góngora).

Queridos papá y mamá, querida familia y amigos:

La celebración de los cumpleaños, además de para conmemorar el aniversario del nacimiento de una persona —en este caso el de mi hijo Manuel—, sirve para mostrar ciertos valores importantes de la vida, sobre todo la importancia de la familia. Una vez que hemos reído y soplado velas, necesito dirigir a mis padres unas palabras de agradecimiento porque ellos han sido fundamentales para que estemos hoy día todos reunidos aquí.

Sabéis que tomé la decisión clara de abortar, sobre todo porque no tenía medios económicos y mi exnovio me abandonó cuando se enteró de que me quedé embarazada. Resumiendo: consideraba, en esos momentos, que no estaba preparada para traer a este mundo una nueva vida. Cuando conocisteis esta nueva situación no me juzgasteis, sólo me pedisteis que, antes de tomar esa decisión, fuera al médico para hacerme una ecografía y alzara la vista para mirarla y escucharla. Después, me dijeron, «te sentirás más libre para optar». No os ignoré y seguí vuestro consejo. La verdad es que fuisteis a contracorriente y valientes.

Entré en la sala no muy convencida, pero cuando escuché un latido que no era mío pensé que ahí había otra vida que no formaba parte de mi cuerpo. Además, al ver cómo se movía el bebé que llevaba dentro, lloré y os abracé con mucho cariño. Había cambiado de opinión. Comencé a sentir amor por lo que, inicialmente, consideré un conjunto de células que formaban parte de mi cuerpo: descubrí a alguien al que debía prestarle atención y cuidado. Aunque, como ya me había dicho el médico, naciera con el síndrome de Down. Desde ese momento he descubierto que, en estos casos, una es libre cuando se atreve a mirar y escuchar.

Con el paso del tiempo he visto cómo en nuestra comunidad hay palabras que se inventan para sustituir a otras que describen mejor la verdad, precisamente porque suenan más suaves. Me refiero a “interrupción voluntaria del embarazo” o “muerte asistida”. Pero tengo la esperanza de que la ventana de Overton —lo que una sociedad considera razonable— dé un giro de 180 º, y lo impensable se vuelva razonable, como ocurrió con nuestros abuelos —a pesar de que vivieron en situaciones económicas más desfavorables que nosotros.

Al llegar el día del parto volví a recordar la acertada opción que me dieron mis padres, ya que me permitió amar a alguien sin haberlo visto. Fue un proceso complicado y largo. Sabíamos que mi hijo nacería con trisomía 21, por lo que el personal que me asistió estuvo en todo momento más atento de lo normal. Fue otro abrazo —muy importante para mí—. Oí su primer llanto y al colocarlo sobre mi pecho sentí su respiración pequeña, al mismo tiempo que frágil. Aun así, más que en diagnósticos y pronósticos, pensé en su nombre —Manuel, como mi padre— y el milagro que había tenido lugar al tenerlo entre mis brazos: cada niño que nace en este mundo trae consigo una luz irrepetible. Luz que no limitaría mi vida, sino que la ensancharía.

Me interesé por conocer qué habían dicho personajes importantes sobre el derecho a la vida de los más frágiles. Ahora mismo recuerdo las palabras que la madre Teresa de Calcuta pronunció ante diversas autoridades y personalidades —entre ellas Bill Clinton, Hillary Clinton y el entonces vicepresidente Al Gore—. Cuando muchos esperaban un discurso más diplomático, ella eligió decir lo difícil:

«La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten? ¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela… El mayor regalo que Dios le ha dado a nuestra congregación es luchar contra el aborto mediante la adopción. Ya hemos dado, sólo en nuestro hogar en Calcuta, más de tres mil niños en adopción. Y puedo decirles cuánta alegría, cuánto amor y cuánta paz han llevado estos niños a esas familias. Ha sido un verdadero regalo de Dios para ellos y para nosotros.»

Palabras que me hicieron descubrir que además había otras opciones, antes que el aborto: la adopción.

Hoy día es fácil caer en el relativismo moral, del que ya nos advirtió el Papa Benedicto XVI: cuando creemos que la verdad es movible según la época o la mayoría. Pero lo que debemos hacer es defender siempre al más débil, aunque la “verdad relativa” diga lo contrario, porque la verdad no cambia, ya que la dignidad no se puede dejar al albur de consensos cambiantes. El valor de mi hijo no lo descubrí votando, sino cuando escuché el latido de su corazón.

No puedo pasar por alto decíos que he observado, con gran preocupación, cómo cuando compramos tabaco estamos obligados a ver imágenes espeluznantes. El poder argumenta que hay que estar bien informados para decidir libremente —y estoy de acuerdo con esta decisión—. Sin embargo, paradojas de la vida, si alguno de nosotros proponemos a una mujer que va a abortar que vea antes la ecografía del hijo que lleva dentro de su vientre, esa misma autoridad lo considera una intromisión intolerable. Y me ha asombrado que el rezo silencioso, cerca de una clínica abortiva, sea considerado delito si es considerado acoso. ¿En qué momento de la historia se ha establecido como delito o acoso la oración por tus hermanos? No reconozco en esas decisiones la tradición moral que tantas generaciones defendieron.

Os animo a que recordéis esas palabras del Papa Francisco: 

«No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es cierto que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy difíciles, en las que el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, especialmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como consecuencia de la violencia o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de entender situaciones tan dolorosas?».

O las de Norberto Bobbio —filósofo y politólogo—, un referente histórico de la izquierda italiana:

«He hablado de tres derechos. El primero, el del concebido, es el fundamental; los otros, el de la mujer y el de la sociedad, son derechos derivados. Por otro lado, y para mí este es el punto central, el derecho de la mujer y el de la sociedad, que suelen esgrimirse para justificar el aborto, pueden ser satisfechos sin necesidad de recurrir al aborto, evitando la concepción. Pero una vez hay concepción, el derecho del concebido sólo puede ser satisfecho dejándole nacer».

Por último, no puedo olvidarme de nuestros abuelos. Vivieron en tiempos más difíciles y, ante la adversidad, optaron por sacrificarse para dar a sus hijos —aunque no vinieran con las mejores condiciones— el amor que merecían, sosteniéndolos sin pedir nada a cambio. Yo quiero que mi hijo Manuel pueda decir de nosotros lo mismo: que aprendimos a ser más humanos. Os digo todo esto no para condenar a nadie. Yo iba a decidir abortar y, cuando escuché un latido y vi un perfil, cambié de opinión. Todavía hay esperanzas si luchamos por proteger la vida de los más indefensos. Mamá, papá: gracias por ayudarme a mirar y escuchar antes de decidir; con ello me regalasteis la Verdad cuando yo pedía atajos. Esa Verdad se llama Manuel.

Epílogo

He escrito este artículo con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down de 2026. Lo he hecho poniendo las palabras en el discurso de una madre, de las muchas que hay en España, que optaron por la vida. Espero que sirvan como homenaje a tantas personas con trisomía 21, que alegran a muchas familias con su sola presencia en este mundo. Sólo os pido esto: haced todo lo posible para que siga habiendo personas con esta condición tan especial en este planeta. El aborto puede extinguirlos de este mundo.

Nota final

Este 19 de marzo, la Cámara de los Lores del Reino Unido aprobó una cláusula que despenaliza a la mujer que provoque su propio aborto en cualquier momento del embarazo, incluso el mismo día en que podría dar a luz. Mientras leía la noticia pensé en Manuel, en su latido, en su rostro en aquella ecografía… y en cuántas vidas como la suya podrían no llegar a existir. Ojalá nunca dejemos de mirar y escuchar antes de decidir.

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