La Inquisición en Carrión de Calatrava (2/2)

Expediente del Archivo Histórico Nacional sobre el proceso de fe contra Francisco Sánchez (a) Capote.
Expediente del Archivo Histórico Nacional sobre el proceso de fe contra Francisco Sánchez (a) Capote.

Comenzamos la segunda y última parte del proceso de fe contra Francisco Sánchez (a) Capote, vecino de Miguelturra (para leer la otra parte pulsa aquí).

El sastre Gregorio Ruiz y José Reinoso, por orden de la mujer del enfermo, fueron a por él y reconoció al enfermo en presencia de Francisco Sobrino de Alfonso, explorándole varias veces la barriga y untándole con ruda, aguardiente y pez negra, a la vez que decía estas palabras: “aquí estás, yo te echaré fuera. Tengan Vuestras Mercedes cuidado que va a ventosear y regir el vientre”. Lo que así sucedió, sintiendo un gran alivio el paciente. El hechicero encargó a Josefa Reinoso, hija de Ceferino, sacar el excremento en un vaso para que lo enterrase al momento para que nadie lo llegase a ver para evitar males mayores. Pero como desconfió de ella la siguió hasta el estercolero, cubriendo él mismo el excremento con estiércol. A Josefa le entró curiosidad de saber que era aquello y lo descubrió cuando Capote se retiró, viendo que era algo que tenía un color entre morado y encarnado. El cuñado del paciente y el hechicero salieron de la habitación e informaron del éxito de la intervención a la familia, que estaba cenando, y le regalaron cuarenta reales, un pañuelo, un rosario y cinco sacos de lana. Cuando Antonia se enteró de la mejoría de Ceferino le dijo a Catalina Reinoso que ese viejo de Miguelturra sabía lo que hacía y entendía los males de su hermano, pero no así el que trajeron de Bolaños.

Al día siguiente, después del mediodía, Capote partió a Miguelturra acompañado del sastre Gregorio Ruiz, que se dirigía a Ciudad Real a comprar unos polvos y a la media hora Ceferino volvió a ponerse malo como antes, por lo que su mujer y hermanos hicieron diligencias para que Capote regresara, pero por varias veces que lo intentaron no consiguieron localizarlo. Catalina Reinoso, recordando que Antonia Navarro le había dicho que lo podía curar una mujer de Fernán Caballero o ella con ayuda de Josefa Carrera, se vio con esta hechicera en la noria de su huerta y le suplicó que se compadeciese del lamentable estado de su hermano y contribuyese a mejorar su salud en lo que pudiese. La respuesta que obtuvo fue que no era posible ya que su amiga Pepa de Carrera estaba enfadada porque Francisco Sobrino de Alfonso no hizo el regalo por haberle ayudado en que la sentencia del juicio en la Chancillería de Granada fuese favorable y haber avisado de ello al interesado a través de otra persona que “le quitaría la tajada de la mano cuando estuviese comiendo u otra cosa”.

Estando Antonia Navarro cociendo pan en casa de Claudio Coello entró Catalina Reinoso y, además de blasfemas, le dijo “mira que bien se ha portado tu cuñado conmigo, que sepas que le puedo poner en el mismo estado que tu hermano Ceferino”, ya que no había recibido el doblón de a ocho que le prometió regalarle su cuñado Francisco. Asustada, salió a referir lo sucedió a la casa de éste y llegaron a la conclusión de que era hechicera, ya que habiéndole dicho su cuñado algunas cosas relacionadas con su sobrina Paula Sobrino se las repitió puntualmente Antonia cuando la vio.

En otra ocasión en el que el marido de Catalina Reinoso (Francisco Sobrino de Francisco) estaba en cama y recogidos ambos en el dormitorio en camas separadas y con la puerta cerrada, sobre las doce o la una advirtió Catalina que desde la pierna hasta el pecho -por encima de la ropa- le iba subiendo una mano y removiéndose, sin asustarse ni alterarse, se mantuvo quieta porque intuyó que era Antonia Navarro, que le volvió a entrar las manos entre las sayas, prosiguiendo hasta la ingle, y lo procuró impedir retirando el cuerpo, al mismo tiempo que cogió con su mano el dedo gordo de la mano de Antonia, a quien conoció y, en este momento, llamó a su marido por lo que Antonia desapareció, sin abrir la puerta y sin estrépito, quedando Catalina Reinoso amedrentada, por lo que se previno de algunas reliquias que no dejaría. Cuando refirió todo esto a su marido, éste en tono de chanza le dijo: “Antoñuela, si te hubiera podido asir la mano te aseguro que te la había de haber quebrado”, momento en el que su mujer le enseñó las señales que había dejado en su cuerpo. Desde ese instante llegó a tener claro que esto fue el aviso que le había de dar, ya que ese mismo día salió la sentencia del pleito a favor de su cuñado Francisco Sobrino de Alfonso. Y aunque afirmó que la puerta estaba cerrada con un fuerte cerrojo y echada la lleve de la puerta de la calle, los demás que vivían en la casa declararon que estaba abierta.

Cuando José Reinoso y el sastre Gregorio Ruiz fueron en busca del hechicero a Miguelturra, en una ocasión lo vieron salir de su casa y a los tres días de haber llegado a este pueblo la Justicia, por medio de un ministro ordinario, les obligó a abandonarlo y regresar a Carrión. Eso sí, se enteraron de que Capote estaba con su hijo y nuera trabajando en las viñas que tenían, por lo que se desplazaron a ese lugar encontrando a estos en un chozo. Preguntados por el padre, el hijo les dijo que todo eran enredos y mentiras de su padre y que si estuviera en esos momentos allí lo echaría al pozo y le dispararía con el trabuco, ya que por su culpa estaban pasando mucha vergüenza. Informados el enfermo, su mujer, hijos y hermanos de que el hechicero no pudo venir a reconocerlo nuevamente se desconsolaron y el paciente fue agravándose hasta que murió a finales de septiembre de 1782.

El Santo Oficio de Toledo, una vez recibidas las declaraciones de todos los implicados en la delación, mandó al comisario Juan González Huelva citar al alcalde de Miguelturra, para que fuese preguntado cual fue el motivo por el que dio la orden al ministro ordinario y la opinión que tenía de Capote, y al ministro que echó de Miguelturra a José Reinoso y Gregorio Ruiz. Para estas nuevas declaraciones se nombró a un nuevo comisario, José Sánchez Tirado. Esteban Sánchez declaró que fue elegido alcalde en compañía de Jerónimo de la Veldad, quien por determinados motivos no tomó posesión de la alcaldía hasta pasado bastante tiempo, siendo ese año ministros ordinarios Alfonso Corral, ya fallecido, y su hermano Francisco Corral. Dijo que ha sido procurador, síndico, regidor y personero (procurador para entender o solicitar negocios ajenos), no volviendo a ser nuevamente alcalde hasta 1782 (en esta época, la elección era por insaculación, que consistía en sacar de un saco el nombre del elegido de entre los que habían presentado la candidatura) acompañado de Antonio León (a) Muarra y teniendo como ministros ordinarios a José García (a) Chavo (al que le sucedió Miguel de Arévalo) y Francisco Corral. Asimismo, declaró que no sabía si algún vecino de la villa era hechicero y curaba ciertos males y que en cuanto tuvo noticia de la llegada de dos vecinos de Carrión, buscando a Capote, mandó a uno de los ministros ordinarios a la casa donde se hallaban para que les invitaran a salir del lugar inmediatamente y no volvieran a buscar a tal sujeto, ya que de lo contrario serían encarcelados por considerar que eran unos maleantes. El alcalde afirmó que no los llegó a ver, ni sabe sus nombres ni de donde eran y que fue el ministro ordinario Miguel de Arévalo quien ejecutó su orden, siendo informado por Francisco Corral de que se habían marchado del pueblo.

Miguel de Arévalo, de unos 38 años, declara el mismo día que el alcalde e informa de que fue nombrado ministro ordinario en julio del año pasado por el entonces alcalde Estaban Sánchez Valmaseda y que seguía siendo ahora ministro con los alcaldes actuales, José Sánchez de Belmonte y José Ramón Díaz Peco. Recordó que a finales de 1782 llevó a cabo la orden del alcalde de buscar a los dos forasteros para expulsarlos de la villa, y para ello fue a la casa de José de Mora (a) El Chispo donde fue informado de que no estaban allí sino en la taberna, según información del tabernero Pedro Gómez (a) Cabellera. Pasando al patio de la casa de la taberna los vio que estaban comienzo melón y uvas y les comunicó la orden del alcalde, y en ese mismo instante partieron para Carrión de Calatrava.

El tabernero Pedro Gómez (a) Cabellera declaró el 29 del mismo mes y año (tenía en esos momentos sobre unos cincuenta años y del que el comisario informa que manifiesta sobrada viveza y poca estabilidad, aunque parece decir la verdad) que a finales de septiembre de 1782 llegaron a su casa dos o tres hombres de Carrión a beber vino y le dijeron que venían buscando a Francisco Sánchez (a) Capote, por lo que fueron a su casa pero comprobaron que no se encontraba allí y que no pudieron dar con su paradero los días que anduvieron buscándolo, retirándose a Carrión ya que fueron forzados a abandonar Miguelturra por mandato del alcalde.

El 30 de septiembre de 1873 declara en Miguelturra José De Mora (a) El Chispo (maestro de obras de unos 45 años, del que el comisario dice que por su modestia y temor a Dios merece dar crédito a lo que dice) que a su casa llegaron dos o tres hombres (optando más porque fueran tres que dos) vecinos de Carrión, llamándose uno José Reinoso y siendo otro un sastre, en busca de Capote para llevarlo a curar a un hermano del primero, que volvió a ponerse malo después de haberse recuperado tras el tratamiento que le hizo Capote. Dijo que no lograron dar con él durante los días que estuvieron en Miguelturra, siendo amenazados por un ministro ordinario para que abandonases la villa. Fue quien informó al ministro ordinario de que se hallaban en la taberna de Pedro Gómez (a) Cabellera. En relación con Capote, dijo que no sabía que se dedicara a la hechicería, aunque había oído decir que curó a una mujer del pueblo de hechizos, y que era una persona de mala conducta, muy pobre y que trabajaba como agricultor en unas viñas que tenía. Oyó decir que fue pagado con lana y dinero por la cura que llevó a cabo en Carrión.

Por último, decir que la sentencia habla de que la conducta de Capote es regular pero propenso a las curaciones, aunque parece ser que no tenía otros procesos abiertos por los que pudiera ser reprendido o castigado, estimando el fiscal que no había pruebas suficientes contra él, por lo que se manda la suspensión de la causa y que sea anotada en los registros. Fue el 18 de julio de 1874 cuando los inquisidores mandaron suspender la causa del sumario.

Fuente: Archivo Histórico Nacional.

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