El voluntario Realista García de la Parra

"Es un animal de cresta colorada que habita el monte y de vez en cuando baja al llano al grito de ¡redión! atacando al hombre" Pío Baroja
“Es un animal de cresta colorada que habita el monte y de vez en cuando baja al llano al grito de ¡rediós! atacando al hombre” Pío Baroja sobre los carlistas. Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau: carga de la caballería carlista.

La milicia de voluntarios Realistas es creada mediante la orden de 10 de junio de 1823, a comienzos de la década ominosa tras el trienio liberal. La dirección de este cuerpo no recae sobre el ejército, debido a la desconfianza de Fernando VII en el ejército español, y va a servir como una defensa de la monarquía absoluta, por lo que el rey va a cuidarla mucho.

No todo el mundo se podía alistar como Voluntario Realista ya que se debía cumplir una serie de requisitos: tener entre 20 y años, ser amantes del rey Nuestro Señor, tener una conducta que no les haga desmerecer tan honroso distintivo y ser fervientes católicos. Las solicitudes habían de ser presentadas en el Ayuntamiento que las pasaría a una comisión para evaluarlas.

Entre sus funciones estaban el velar por el orden y la paz, por la seguridad pública y las costumbres y por la guardia en los ayuntamientos y lugares públicos, es decir, viene a ser la típica fuerza de milicias bajo la autoridad de unos inspectores generales hasta que, una vez fallecido su inspector general, serán puestos bajo control militar, lo que va a facilitar su eliminación poco antes del alzamiento carlista (en este momento, la cifra de voluntarios realistas oscilan entre 240.000 y 324.000 hombres). Corría a cargo de los Ayuntamiento proveerles del armamento necesario.

Pues bien, el que fuera uno de los líderes carlista de la Mancha, Antonio García de la Parra (a) “Orejita”, llegó a ser subteniente de voluntarios Realistas. Entre las diversas acciones que llevó a cabo destaca el haber matado, el 21 de junio de 1827 en Villanueva de San Carlos, a uno de los miembros de la cuadrilla de bandoleros del Cacaruco, llamado Gerónimo Gavilán y natural de Santa Cruz de Mudela, que se le resistió haciendo fuego resultando herido el alférez Antonio Ureña, que acompañaba a la cuadrilla. Su alistamiento a esta milicia nos da una pista de por qué, tras la muerte de Fernando VII, toma partida por los carlistas pasando a ser uno de los jefes más importantes en la Mancha.

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