Entrada al refectorio del Sacro Convento y bendición de la mesa

San Raimundo de Fitero recibiendo de Alfonso VII de Castilla la donación del castillo de Calatrava
San Raimundo de Fitero recibiendo de Alfonso VII de Castilla la donación del castillo de Calatrava. Colección Municipal Dispersa y Ermita de San Antonio de la Florida (Madrid). Amérigo y Aparici, Francisco Javier

Al entrar por la puerta del refectorio el Prelado le quita el bonete al Superior, si va con él, y lo mismo hace el Superior a los Ancianos si va a presidir el refectorio. Descubiertos el Superior y todos los demás y puesto el bonete el Prelado, entran al refectorio hasta llegar a la gradilla o tarima que está, como ya se ha dicho, pasadas las mesas de Ancianos.

Se quedan todos debajo de la tarima y el Prelado la sube, se quita el bonete y hace la venia al Santísimo Cristo, cuya imagen hace de cabecera del refectorio y que está situada en la vidriera de la ventana. Vuelto de espaldas a la Comunidad y con el rostro mirando a la imagen, se pone el bonete y toca la campanilla, cuyo cordel está atado a su mesa.

Si el que preside el refectorio es el Superior también se pone el bonete antes de tocar la campanilla y si el que preside es uno de los Ancianos la campanilla la toca descubierto.

Bendición de la mesa

Antes de sentarse esperan, por espacio de un miserere y algo más, por si alguien que está en el Corredor, que es la parte más distante del refectorio, viene a comer. Cuando se toca la campanilla, el Prelado se descubre y se sienta en su mesa, que es la que está a la izquierda de la imagen del Santísimo Cristo. Si quien la preside es el Superior, después de haber tocado la campanilla se sienta en la suya, que está a la derecha de la imagen del Santísimo Cristo. Por último, si quien lo preside es un Anciano al tocar la campanilla baja la tarima y se pone con los demás Ancianos.

El hebdomadario de misas mayores o, en caso de no haber venido a su hora, el sacerdote que le sigue en antigüedad, entona el Benedícite [oración en latín que se reza en comunidades religiosas para bendecir la comida al sentarse a la mesa] y la Comunidad prosigue cantando los versos según las rúbricas del Breviario. Está toda la Comunidad mirando al Santísimo Cristo hasta acabar de rezar el Padre Nuestro en latín que es, entonces, cuando se colocan rostro a rostro hasta que el hebdomadario recita la oración Oremus y vuelven a mirar a la imagen del Santísimo Cristo. Acabada la oración Benedic Domine el Lector de la Mesa canta Jube Domine Benedicere [Dígnate, Señor, bendecirme] entrando a la Catedrilla por entre la mesa desnuda del choro derecho y la mesa de novicios. El Prelado da la bendición Mense celesti u otra adecuada si es día de ayuno, siempre en voz baja, y la Comunidad le responde Amén.

Nota: En la imagen, el rey, sentado en el trono, con túnica de terciopelo rojo bordeada de armiño, hace entrega de un pergamino enrollado al abad del monasterio de Fitero, Raimundo, que con el hábito blanco del Cister se inclina para recogerlo. En él constaba la cesión del Castillo de Calatrava a los monjes para defenderlo de los musulmanes, subrayando el carácter militar de la empresa de la que nacería la nueva Orden, con la espada donde se apoya Diego Velázquez, el otro fraile fundador que se halla junto al abad y que antes había sido soldado. Al fondo, situados en semi penumbra, una serie caballeros y cortesanos asisten a la escena, quizás aquellos que según la leyenda no quisieron hacerse cargo de la defensa de la plaza. En los extremos del luneto, separados por sendas columnillas, hay una pareja de ángeles músicos arrodillados, de distinta mano, que tocan el de la izquierda el fagot y el de la derecha el arpa.

Bibliografía:

  • Regla de San Benito.
  • Formularios para hacer pruebas de los hábitos para las Órdenes de Alcántara, Calatrava y Santiago.
  • Definiciones de la Orden de Calatrava, año de 1652.
  • Copia de las escrituras de la Orden de Calatrava.
  • Las Institución, definiciones y actos capitulares de la ínclita caballería de la Orden de Calatrava (Toledo, 1552).

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